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“El consentimiento” Springora, Vanessa

Novela testimonial que viene a tratar el tema lolitesco desde la perspectiva y la experiencia real de la protagonista femenina.

Tras muchos años de silencio y culpa inmerecida, Vanessa Springora aborda con decisión el relato de la relación que mantuvo en su adolescencia con el escritor Gabriel Matzneff, un hombre maduro, famoso, influyente y reconocido, que se descubre como lo que hoy llamamos un depredador sexual, un auténtico Humbert Humbert.

Tiene la novela el punto incómodo -y la autora el arrojo- de describir con una suerte de candor atravesado su enamoramiento temprano, y de recrear sin melindres su relación y sus encuentros. En cierto modo, ella asume su fascinación, su predisposición, su consentimiento?


(«Un padre ausente que ha dejado un vacío insondable en mi vida. Una gran afición a la lectura. Cierta precocidad sexual. Y sobre todo un enorme deseo de que me miren. Ahora se cumplen todas las condiciones”).


Porque el título resulta ser el tema central, y lo que se propone es poner sobre la mesa la calidad de ese consentimiento, que queda desvirtuado en cuanto a que es fruto de una manipulación


(lo que había que cuestionar no era mi atracción, sino la suya»).


Una manipulación sistematizada y alevosa que no empieza ni se detiene en Vanessa. Hay una parte muy inquietante en la que describe el proceso por el cual Matzneff encabezó un movimiento en favor de la despenalización de delitos relacionados con el sexo con menores, movimiento que tuvo el soporte entusiasta de conocidos intelectuales de la izquierda, con nombres y apellidos, imbuidos de un espíritu de la época que hoy evidencia sus defectos y contradicciones


(«¿Por qué todos estos intelectuales de izquierdas defendieron con tanta pasión posiciones que hoy en día nos parecen tan chocantes?»

«Prohibido prohibir sigue siendo un mantra para ella. No es tan sencillo escapar al espíritu de tu época.»

«En nuestro entorno bohemio de artistas e intelectuales, las discrepancias con la moral se asumen con tolerancia, incluso con cierta admiración»).


El estilo claro, directo, rápido, competente y sin demasiadas florituras, ni destaca ni desmerece.


«La carencia, la carencia de amor como una sed que se lo bebe todo, una sed de yonqui que no mira la calidad del producto que le suministran»

«esta coquetería no se ajusta a mi idea de un hombre de letras.»

«De los Cure. New wave (…) -¿Y puedes decirme qué piensas hacer en un concierto de new wave, aparte de fumar canutos y mover la cabeza como una imbécil?»

«En ese caso, ¿cómo no perdonarle la transgresión? El amor no tiene edad. No es esa la cuestión»


Lumen/Penguin (manex?) Un 7.8.

Testimonio y denuncia.

La Floresta, martes 24 de agosto, 2021

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