“Un fin de semana” Cameron, Peter

La sinopsis de esta novela podría servir para muchas otras: el reencuentro de un grupo de viejos amigos durante un fin de semana en una casa de campo propicia que afloren antiguas tensiones que ponen a prueba su relación.

La pareja aparentemente idílica formada por Marian y John, padres de Roland, son los anfitriones de su viejo amigo Lyle, crítico de arte un poco rarito, que acude acompañado de Robert, joven pintor con quien hace poco ha iniciado una relación y que ignora el pasado traumático del pequeño grupo, pues el encuentro comporta el velado aniversario de la muerte trágica de Tony -hermano de John y expareja de Lyle– acaecida un año antes. Laura, amiga de Marian, rica y mordaz, será la quinta en discordia que participa en la reunión.

No voy a mentir: tampoco pasa gran cosa ni se producen revelaciones drásticas ni sorpresas desconcertantes; la novela está construida sin estridencias en base a continuos diálogos que revelan los claroscuros de los personajes y la fragilidad de sus vínculos.

Personajes un poco demasiado… aristocráticos, intelectuales del tipo pedante. Quizá algo estirados y antipáticos, pero cuyas complejidades y contradicciones son el motor de la novela. John (“tranquilo, honrado y generoso”) solo quiere que le dejen en paz y se escaquea cuando puede de sus invitados para trabajar en su huerto; Marian (“divertida, encantadora, inteligente (…) curiosa e interesante”) socializa de forma un poco agresiva, hiriendo a la gente de su entorno sin mala intención; Roland (“A veces sonreía, débilmente, como si recordara algo, de otra vida, que le hiciera gracia”), tiene un comportamiento apagado que preocupa a sus padres; Robert demuestra una cierta inocencia que desentona con las complejidades de las relaciones entre el grupo (“tengo la sensación de que no ha tomado aún todas las decisiones importantes, de que no está atrapado pensando en una sola cosa en particular. Escucha a la gente, escucha de verdad”); Lyle, maduro y escéptico, expone sus ideas cínicas sobre la vida y el arte (“Yo no tengo que aportar nada a un cuadro. La misión del cuadro es aportarme algo a mí”): Laura tampoco pinta mucho en el grupo, pero su desparpajo y salidas audaces precipitan los conflictos y desencuentros. A su vez, tiene sus propias peloteras con su hija actriz, con la que sufre una relación llena de malentendidos (“como la que tienen dos viejas amigas que han seguido rumbos distintos y fingen preservar el vínculo propio de un tiempo pasado”)

Todo este tapiz de relaciones, sentimientos y reflexiones tienen como temas centrales la dificultad de mantener las amistades en la edad adulta, el proceso del duelo y, en definitiva, la búsqueda de un sentido para la vida, la necesidad de aferrarse a algo, a lo que sea.

Siempre que descubro un nuevo Cameron -y ya me faltan pocos- tengo la esperanza de que me haga revivir el entusiasmo que me despertó con esa locura de “Algún día este dolor te será útil”. No lo he conseguido. Aunque me han ido gustando sus demás libros ha sido por razones muy distintas (prosa pulcra y delicada, hábil insinuación de climas inquietantes, diálogos abstractos sobre arte y literatura), cuando no opuestas, por las que me cautivó aquel.

“Se dieron un abrazo sincero, si bien un poco aparatoso, pues nunca habían trabajado mucho el aspecto físico de su amistad”

“Los problemas que las novelas resuelven mejor ya no existen”

“Los seres humanos siempre se sientes vinculados sentimentalmente al siglo que precede al suyo”​

«¿Sabes como en vacaciones estás siempre fingiendo lo bien que lo estás pasando pero en realidad, especialmente hacia el final, no ves la hora de volver a casa? Lo único que quieres es llegar a casa y dormir en tu propia cama. Tal vez la vida sea eso. Tal vez solo estamos de vacaciones sin saberlo.»

Asteroide. 7.8

Amor y amistad.

Jueves, 25 de febrero, 2021

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