Novela extraña e incómoda que, sin embargo, tiene su encanto. Creo que este reside en buena medida en la delicadeza y la elegancia del estilo de su autora, a quien ya conocía por su anterior —y también desconcertante, aunque no tanto— «Intimidades».
Resulta difícil explicar el argumento sin desvelar sus claves. La novela arranca con lo que parece un flirteo entre una mujer de mediana edad y un chico joven: una cita en un restaurante. Una relación que, durante la primera parte, se desarrolla por cauces insospechados, hasta que en la segunda se produce un giro brusco, y los personajes parecen asumir otros roles. Como ya advierte la sinopsis, nada es lo que parece, aunque tampoco llega a quedar del todo claro qué es lo que es.
Extrañamiento es la palabra que me viene para clasificarla: situaciones normales, cotidianas o domésticas, contaminadas por elementos disfuncionales que van generando curiosidad y desasosiego. Me ha recordado a Sara Mesa, aunque Mesa es aún más esquemática y lacónica. Hace poco leí que alguien la situaba dentro de la categoría de los “narradores poco fiables”, y me pareció una forma muy acertada de entenderla.
Es una novela que deja bastante aire: silencios, huecos y opciones abiertas, resquicios por los que la autora introduce otros temas de refuerzo —la maternidad, la pareja, el trabajo de actriz— sin cerrarlos del todo.
Se comprende que a una novela así, tan ambigua, no se le pueda exigir un final concluyente.
76 «Y también pensé que quizá ese era el sentido de una actuación, que preservase nuestra inocencia, que nos permitiese convivir con las hipocresías de nuestro deseo. Porque en realidad no queremos ver la cosa en sí, en pantalla o en un escenario, no queremos ver dolor ni sufrimiento ni muerte auténticos, sino su representación. Nuestra consciencia de la actuación es lo que nos permite deleitarnos con la emoción, acercarnos sigilosamente a ella y respirar su ambiente, la actuación posibilita esta peligrosa proximidad»
113 «A lo mejor eso era lo que implicaba que un hijo se hiciera mayor. Esa distancia finalmente lograda, en sí una suerte de distanciamiento necesario»
135 «otra vez ese roce extraño y espectral»
157 «Eso provocó en mi una fiebre, entraba en la función en un estado agitado, exploraba el espacio de un modo frenético, sin medida y sin disciplina, como un animal que arrastra el hocico por la mugre»
159 «Torcí el gesto, en un primer momento no entendí lo que veía. Era nuestro apartamento, sabía que era nuestro apartamento, pero obscenamente transformado»
Sexto piso. Un 8.2
Suspense doméstico/extrañamiento
La Floresta, viernes 2 de enero, 2026
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