“Simón” Otero, Miqui

Un poco en la línea nostálgico-urbana de un Pisón o de Kiko Amat, con un aire neopicaresco a lo Mendoza, “Simón” juega la baza de acompañar las desventuras de los protagonistas con las de la ciudad de Barcelona desde los JJOO del 92 (“ese chucho atropellado por un camión”) hasta el referéndum.

Con un estilo peculiar, de sintaxis quebrada y espasmódica y vocabulario levemente disruptivo, #Miquiotero hace gala de un humor a veces cáustico y a veces tierno, prodigándose en bromas un tanto extrañas (“embarazos laborales de nómina indefinida o mayoría de acciones en la empresa de la vida”) y en interpelaciones al lector y a los protagonistas, que, la verdad, atosigan un poco. Es ese exceso de aparato, cierta sospechosa insistencia en subyugarme, lo que me ha contrariado/fastidiado, creándome expectativas sobre las muchas que ya tenía, derivadas de su éxito. Te esperas que sea la hostia y, debo decirlo, no hay para tanto.

Simón es un chico fantasioso que ha crecido en el bareto de su familia muy influido por su prometedor primohermano mayor, a quien acompañaba en sus andanzas y trapicheos antes de que desapareciera misteriosamente dejando tras de sí la insinuación de un tesoro escondido. Estructurada en torno a tres tramos temporales (desde el 92 hasta el presente) iremos descubriendo la evolución (o involución) del personaje y de su entorno. El argumento está bien urdido, con un montón de situaciones divertidas, entrañables, emocionantes e interesantes, como la parte en que Simón trabaja en el mundo de la restauración de lujo, sus ambiciones de pijerío, los primeros escarceos amorosos, las continuas referencias al contexto histórico y social, a las miserias del alcohol y de la coca, a los libros, a la música (encuentro que trivializa un poco el tema de la orquesta: hace falta ser un músico por lo menos solvente para tocar en ellas. Respect). Los personajes, en general, están muy trabajados y tienen tanta fuerza como el propio argumento.

Es una novela que está teniendo mucho éxito; no soy en absoluto ajeno al entusiasmo que despierta y bueno, por eso la he leído. A mí me ha gustado a medias; aunque la he leído con placer, no he acabado de entender bien qué se propone con ella, a dónde quiere ir a parar. La he encontrado un tanto pueril en algunos momentos.

“cerrar los ojos y hacerte el dormido, mentirte a ti mismo, fingir que duermes, hasta que, pum , te duermes”

“con una velocidad que intentaba atrapar a la del cuentakilómetros”

“eufórico por la madurez que había desprecintado hacía poquísimas horas con B. (y que aún estaba en garantía)”)

“hablaban, hablaban tanto, hablaban tan fuerte que ya no escuchaban. Su voz a todos, su oído a nadie”

“No sé para qué vas a escribir tú habiendo tanto por leer”

“como esos fanáticos del fútbol que conjugan en primera persona del plural las acciones de su equipo”

“el equivalente a unos escenógrafos revelación en el mundo del teatro”

“algunas revistas de tendencias barcelonesas, de esas que se repartían gratuitamente en bares y tiendas de ropa de segunda mano”

“Toda fortuna esconde un crimen”

“mientras el camión se convertía en escenario como un Transformer algo magullado por las peleas de su vida”

Blackie books. Un 7.

Crónica literaria costumbrista

La Floresta, 5 de febrero, 2021

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